Villa Vainilla | Sé el Solovino de un perro y ¡cámbiense la vida!
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Sé el Solovino de un perro y ¡cámbiense la vida!

Segunda de dos partes.
BRUNO

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Yo sí puedo decir que los deseos cuando vienen del corazón y de vaciarnos voluntariamente para dejarnos llenar, existen. Hubo un día en que pedí algo con muchas, muchas ganas y la vida me lo dio.
Hacían tres semanas en que Kali había muerto. Visitar a mis papás sin tener un nudo en la garganta y sin sentir el vacío que esa perrita había dejado después de su larga agonía (tanto para ella como para toda la familia) era imposible. Las últimas semanas habían sido de un aprendizaje exprés y estrepitoso sobre el tiempo en el que coincidimos con alguien y en lo que estamos dispuestos a “sacrificar” para que valga la pena la espera, las risas, los cariños y el profundo amor incondicional que ellos te dan. Yo ya estaba convencida que merecía la pena y estaba segura que en algún momento iba a llegar un pedacito de cielo para mí. Recuerdo muy bien que una tarde, unos días después de que Kali se había ido le dije a mi mamá: “cuando yo tenga un perro va a ser como Kali; alocado, chiquito, cariñoso y va a llegar solito, ni siquiera voy a tener que buscarlo. Ese va a ser mi perro.” Como en un cuento de hadas, Bruno llegó tres semanas después.
Era domingo por la tarde, yo había ido a visitar a mis papás y Bruno ya estaba buscándome (me gusta pensar que él me encontró a mí). Mis papás salieron  a pasear a sus perros pero mi mamá regresó enseguida porque un perrito greñudo la empezó a seguir y sus perros no dejaban de ladrarle. Cuando entró me dijo: “aquí afuera hay un perrito que se parece a Jack, tú que quieres adoptar sal a verlo”. Salí a verlo y en seguida vino conmigo, buscamos a sus dueños o su casa pero parecía que había caminado mucho y por mucho tiempo porque estaba sediento, lleno de rastas, de basura y con la colita tapada de tanta rasta y mugre, tanto que no podía hacer popó.
Le abrí la puerta de mi coche para que subiera y subió. Lo que yo no sabía es que no le abría la puerta del coche nada más…
No tenía idea que iba a hacer con un perrito callejero y sucio, así que lo llevé al veterinario para que le cortara las rastas y pudiera hacer popó, y lo llevé a mi casa para que pasara la noche.
La vida da muchas vueltas, te enseña a hacer planes pero sobre todo a fluir. Mi plan era tenerlo a lo mucho una semana para encontrar a sus dueños, pero lo bueno de la vida es que cambia, y mi plan, junto con mi vida cambió en el momento en que Bruno llegó. Para mi fortuna nadie lo reclamó.
Ya pasaron más de dos años y en todo este tiempo me ha enseñado a entender que siempre es como la primera vez, que no importan las cicatrices ni el dolor ni lo difícil que pudo haber sido antes, siempre es la primera vez. Siempre hay cosquillas en la panza y ganas de mover la colita y dar besos y mordidas como la primera vez. Siempre hay que emocionarse por despertar en una casita, en una camita junto a alguien que saca lo mejor de ti, por salir a la calle y encontrar otros perros en el camino con quienes jugar. Pero sobre todo siempre es como la primera vez que nos vimos y aprendimos a ser pacientes, a confiar, a dejarnos ir, a fluir. Bruno llegó a darle vida a mi vida, cuando parece que todo va mal, él me da mil razones para saber que todo está bien.

Ara Marz

 

NEGRI


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Esta historia empezó en Santiago de Chile, en el barrio de Vitacura…

 Negri, vivía al frente de la casa del Embajador de Perú y su cuate el policía-vigilante de la entrada de la embajada la alimentaba.
Yo diario pasaba corriendo frente ahí y empecé a saludarla, el invierno ya venía así que el invierno se iba a poner duro y la llevé a vivir a mi casa, Negri tenía sus 3 o 4 años, estaba asustada al inicio y dormía en el cuarto de servicio tanto ha entendido y tan inteligente es que duerme ahora en el sillón de la recámara principal.
Ella es chimuela, sus dientes están en pésimas condiciones como huella de su vida en la calle.
Le tiene un cariño especial a los uniformados porque ellos la alimentaban así que los ve y les mueve la cola.
Es muy amigable y le gustan los niños, Gatija como le decimos en casa es amorosa, fiel, independiente, divertida y tiene excelente memoria de donde ve una ardilla o un gato ¡sí que lo recuerda!
Es feroz al defender su plato de comida ante otros perros y se come todo lo que haya enfrente aunque tenga después que vomitar por el exceso, yo creo que fue tanta carencia y lo tiene arraigado de sus épocas difíciles en la calle.
Tuvo cachorros porque sus tetitas están colgadas, ahora tiene unos 10 años y ama meterse al lodo y que le caiga agua de lluvia.
Se hace unas mascarillas de “lodeikup” maravillosas en el parque en el lodazal jajajajaj dice ella que es bueno para el cutis.
Parece que tiene personalidad propia y últimamente camina muy a su ritmo que por decirlo así es muy lento.
Jürgen Freyer

 

TORO

toro

El ultimo en llegar es toro, un hermosísimo perro que llego a mi colonia, grande y robusto, pero conforme fue pasando el tiempo adelgazo al punto de la preocupación, yo trataba de llevarle comida pero no quería comer.. no quería jugar… ni caminar.. perdía el sentido de la vida y estaba sumergido en la depresión.. decidí llevarlo conmigo… y conforme a pasado el tiempo ya come, y bien… brinca, juega, hace travesuras, le hace cariño a todos y recibe besos de todos… es todo un toro que reparte brincos y besos por doquier…  Por favor adopten perros que ya son mayores, su gratitud es infinita y carecen de oportunidades pues casi nadie quieres un perro mayor o grande…

Cassandra Gallotti

Sin pretender dar sermones, ni nada por el estilo, sólo quiero contarte algo: de cada 10 perros que ves, 3 tienen dueño los demás se las arreglan solos como puedan tanto en ciudad como en poblaciones.

México está rankeado como el país latinoamericano con mayor número de perros. Por cada cuatro personas hay 1 perro, así se escucha leve pero como ves si te digo que son 22 millones de perros en México país y sólo 6 millones son cuidados por una familia.
Que en 6 años la reproducción de perros da 65 mil nuevos cachorros que terminarán sepa dónde…
Los esterilizamos porque ellos, pagan los errores y falta de conciencia de nosotros los humanos que no los cuidaron, que los echaron, que “los perdieron”, que los usaron como maquinas reproductoras, que los violentaron.
Hay muchas formas de violentar a un perro, desde la cortada de rabo y orejas porque así es la raza, perros entrenados a golpes con castigos severos, hembras usadas para la monta, peleas por apuestas o las silenciosas como no hacerle caso a un perro, no ejercitarlo, no alimentarlo correctamente, perros de azotea en malas condiciones, perros en la calle infelices porque eran de casa…Hay algo que alguna vez me dijeron: Hay perros de la calle felices de ser callejeros. Sí, pero no todos, no los que tuvieron un humano que se desentendió y hay perros que nunca han tenido a nadie humano que la han pasado fatal.
En situación de calle hay de raza, criollos, recién nacidos, jóvenes y ya dando el viejazo y viejitos.
 
No es moda tampoco como hace poco escuché en un restaurante decir que: “Ya no está de moda tener un streater” PERDÓN pero nunca ha sido moda, se trata de corazones que se conectan y de humanos rescatados por perros sin saberlo pensando que eres tú (humano) quien rescata.
¿Tienes perro? Apoco nunca te has preguntado qué hacías antes de él, en qué ponías tu tiempo y tu energía.
Algo en lo que sí te puedo echar choro es en que lo eduques, no son animales de feria para andar en monería y media pero sí, entrénalo, ellos lo disfrutan el entrenamiento en positivo es la onda. Caminar junto, sentado, quieto son básicos.
Que entienda y responda a tu voz, es ser líder y su mejor amigo.
Tatiana Fernández mamá de Tom
Un vistazo a lo de siempre desde los ojos nuevos que da la maternidad